sábado, abril 14, 2018

Réquiem_Ebnu


A los pies de la espera
un manto blanco cubre la ausencia.

Los corazones encogidos del exilio
despiden otro sueño
entre las fauces de una tierra extraña.

A la sombra de la espera
descansan los restos mortales
de un breve instante.

Menuda paradoja
-de la vida y de la muerte-
La de este precipitado descanso
para quien no tuvo
la oportunidad de cansarse.

*En memoria de las víctimas saharauis y argelinas del avión de las Fuerzas Armadas de Argelia que cubría la ruta Argel-Bechar-Tindouf (11 de abril de 2018).

domingo, enero 14, 2018

Mi escuela, Paz se llamaba


Siembran, los agresores, la tierra
-que vida es y esperanza-
de oquedades opacas,   
de estremecedores alaridos
y fúnebres silencios.
Alambradas, minas, radares           
que defienden trincheras y muros.
Muros que separan hermanos,
esposos, amigos, familias.
Muros que defienden catervas invasoras;
Soldaditos que esparcen muerte,
odio y dispersión propagan.
Y mi patria sigue encadenada.
Mi tierra sigue herida.
Diseminada por cercos
y herrumbrosas siembras  de la nada.
Mi casa vacía  de mi vida:
Hoy solo, ahí, anida
la gélida voz de la ausencia.
Y mi escuela Paz se llamaba,
Paz se sigue llamando
pero desde que irrumpieron
las hordas sanguinarias
solo conoce muros, minas,
abandono, guerra, muerte,
silencio, silencio, silencio…
Mientras
un rebelde bramido nuestro
en lomos de esperanza marcha
y con abnegadas manos
de sol a sol
ahí golpea,
de luna a luna
ahí golpea
galopando hacia la vida…

domingo, enero 07, 2018

Sueños del exilio_Mohamidi Fakal-la


Sueños blancos durmientes
en los párpados de la noche, temerarios,
delirantes, esgrimiendo las notas de un bohemio.
Despertar de trincheras a solas,
clamando los estribillos de granizos.
¡Ilusionistas héroes entristecidos!,
fuera de las horas de fulgores
con destello de candiles.
El dolor comulga en los tiempos,
aún sin miedo.
El borde del limbo se presta
con murmullos de sujetos desconocidos.
Océano muerto en el influjo
de lejanas olas desérticas con muros.
Un tambor de regocijo
colapsa el temblor de una tímida sonrisa.
Los balcones siguen llevando tu nombre,
y las grietas esconden una melodía
de violín enloquecido.
Corazón mudo ligado a la  soberbia,
caldea inquieto el universo.
Tras amaneceres,
rayan los cielos de un día sin prisa.
Pincelada gris que oculta el rostro de la luna.
El barro retracta la frialdad en el nido,
sumando recuerdos despiertos,
y otros que han sido despedidos.

domingo, diciembre 03, 2017

El adiós que nos saluda, de Mohamed Ali Ali Salem

“Leyendo este poema me lleva a un epitafio de amor con dos sujetos condenados a confinarse separados en distintos océanos y continentes, porque nunca podrán vivir este intenso amor indefinidamente. Es la sensación que me resulta de este poema del poeta y escritor Mohamed Ali Ali Salem. La poesía y su autor tienen sus momentos de misterios en el verbo”. Bahia MH Awah

Este adiós que nos saluda
[A Glenda Vlazquez y Lamin]
Este innavegable mar
con un cielo sin estrellas.
Este pírrico encuentro
de sendas que se separan.
Esta encendida antorcha
con cenizas de la nada.
Esta querencia condenada
a una libertad enjaulada.
Esta punzante insistencia
como clavos de alfaquír.
Esta espera con amnesia
que se olvida de sí misma.
Esta ven que no llega
este adiós que no viene.
Estas bocas que dicen
lo que los oídos no oyen.
Este destino que no existe
en el callejero de La Habana.
Estas huellas que las borra
una vidriosa ventisca.
Este alba que es lava
del volcán que se avecina.
Este dolor que te aflige,
esta herida que me duele.
Estos rescoldos de incendio
con leña congelada.
Estas velas emprendidas
en las olas del Malecón.
Estas devastadas miradas
de los condenados a irse.
Este ineludible adiós
que sabe a tuera y hiel.
Estos restos sin mortaja
en el jardín del edén.
Estos mágicos encuentros
con prefijo de negación.
Este crepuscular amanecer
que tenebrosas noches cuida.
Este largo lamento
como los pinos de tu isla.
Este naufragio, esta derrota,
este adiós que nos saluda.
Estos elegiacos versos
que lloran un espejismo.
Este burlado epitalamio
con epitafio en las pupilas.
Esta cruda certeza,
esta amarga verdad.
de estos últimos versos
que me dicta tu corazón.

La Habana 7 de noviembre de 2017

miércoles, noviembre 29, 2017

No soy yo_Bachir Ahmed Aomar

No soy yo
No me gusta lo que veo.
La desvencijada ventana abre los ojos,
sus goznes lloran.
Me da miedo el viento
si cae la lluvia,
y se cuelan en mis oídos los truenos.
Huellas de sangre manchan las nubes.
Ruge el viento
para que los árboles pierdan los vestidos.
En las jaulas
los pájaros temen cantar en las mañanas.
Ocupan las esquinas los mendigos,
sus miserias escupen.
Pasa por la calle una guerra de ocultos muertos.
Muecas de bocas desdentadas,
las sonrisas.
Sigue golpeando el viento,
colándose por las rendijas,
rompiendo los cristales.
Huye la gente
y el mundo se llena de huérfanos.
No soy yo
quien desea
mirar por la ventana.

Bachir Ahmed Aomar.

Del poemario "Donde siguen los errantes". (2017)

domingo, junio 26, 2016

DESPEDIDA. A Mohamed Abdelaziz - Por Bachir Ahmed Aomar


Aún espero la despedida.
Saliste con lo imprescindible,
sin hacer ruido.
Nos hemos quedado
con las huellas de tus pies descalzos
en el polvo del camino.
Hoy la vida parece más absurda
y el viento no hace ruido.
Se estancan las horas
y duele el llanto.
Como Ulises,
la nave viaja sin rumbo.
El mar no tiene horizontes
y las sirenas cantan a tu paso,
porque en el desierto,
todas las banderas parecen golondrinas.
Cuando al oeste veas la isla,
las lágrimas de Jadiya lavarán tus pies,
para que entres victorioso a Ítaca.

**Del blog de El País ¿Y dónde queda el Sahara? Ilustración: Roberto Maján

lunes, junio 20, 2016

Una mañana en un cementerio (descanse en paz Mohamed Abdelaziz, presidente saharaui), de Ali Salem Iselmu


Hay un cementerio de piedras,
los nombres de sus difuntos,
aparecen esculpidos sobre la tierra,
un cementerio de kilómetros,
donde la vista se pierde
detrás de la aurora.

Niños, mujeres y hombres,
yacen enterrados,
debajo del fuego de las piedras,
el siroco entierra y desentierra,
la historia de cada uno.
Hay exilio en sus tumbas,
ellos ya no volvieron
otra tierra acoge sus cuerpos
en el interior de su seno.

Nadie hablará de ellos
son anónimos
como su hijos,
víctimas colaterales del destino,
solo existen en la memoria
del desierto y las arenas.

Y los que se acercan
a orar, cerca de sus tumbas,
se llevan un puñado de arena
para esparcirlo en el viaje del viento
en el viaje de la esperanza,
ellos son testigos mudos
de un mundo desvencijado,
un mundo derrotado
que no ha podido devolverles su tierra.